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CARCASA DE LA DIADEMA DEL DOLOR

Excepcional / Ghost Shell

Para espectros que eligen más que la Luz.

Fuente: Sacrificio

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Lore

Carcasa de la diadema del dolor

Para espectros que eligen más que la Luz.

El Dredgen yacía de costado, agonizando. Tenía un pequeño agujero debajo de la costilla izquierda y un gran orificio irregular en la espalda. Jadeaba, pero apenas podía respirar. El aire salía en forma de burbujas rosas alrededor de su boca.

Ya había dejado de llover, dejando las piedras y la arena al pie del arroyo húmedas, y el valle surcado por riachuelos que ya se estaban secando. El azul del cielo era intenso y frío. No había sombras, debido a todo ese albedo, pero tampoco había luz de verdad.

Shin Malphur se sentó junto al moribundo. Llevaba la cabeza descubierta, sin casco. El Dredgen le dio una patada, tratando de empujarlo. Shin se inclinó y lo agarró de la bota, inmovilizándolo. El hombre se resistía débilmente ante la llegada de la muerte.

"He visto muchas cosas en mi vida", dijo Shin. "He matado, pero nunca me han matado". Sacudió la cabeza. "Empezaba a pensar que me esperaba una nueva vida. Que el último moribundo que vería sería a mí mismo".

El Dredgen gimió. Quitó una mano ensangrentada de la herida que tenía en el pecho y se dispuso a alcanzar su arma, que yacía en el suelo a poca distancia de donde había caído. El arma era espantosa: una pistola de metal oscuro y ondulado, con vetas color verde bilioso. Chisporroteaba y echaba vapor.

"Te lo advertí", dijo Shin. "El poder que Bael te mostró necesita tiempo para ser aprendido. Un dios le concedió ese tiempo. Yo tuve siglos. Tú solo tenías un arma".

El Dredgen logró arrastrarse unos centímetros más cerca de su arma.

"Ya. Ya basta", dijo Shin. Se pasó una mano por el pelo, echándoselo hacia atrás para quitárselo de los ojos. "Te estás muriendo, muchacho. Quédate quieto".

El Dredgen dejó escapar un gemido entrecortado mientras se arrastraba hacia adelante, temblando, tratando de alcanzar su arma. Sus dedos la rozaron, y las manchas de sangre le ardieron al entrar en contacto con el metal caliente. La pistola siseó y chisporroteó. Shin se puso de pie. El Dredgen miró al pistolero, con los ojos abiertos de par en par, llenos de pánico.

"Podrías haber vivido para siempre", dijo Shin. Le dio una patada al núcleo perforado del espectro muerto de Dredgen, y este salió disparado haciendo ruido. "Escuincle estúpido y egoísta".

El Dredgen levantó su pistola y el estruendo del disparo de Shin rompió el silencio del día. El polvo brotó de las paredes del cañón, mezclándose con la niebla rosa que flotaba en el aire. El eco del disparo retumbó y se desvaneció.

Shin bajó el revólver. Abrió el cilindro, introdujo dos balas nuevas y lo cerró de un golpe. Su espectro zumbaba cerca de su cabeza, horrorizado.

"¿Por qué la Luz no te bastó?", dijo. "¿Por qué nunca es suficiente?".

No hubo respuesta. Tampoco esperaba ninguna. Shin dejó el cadáver, el arma y el casquillo. La lluvia se lo llevaría todo la próxima vez que cayera.

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