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Borceguíes Insignia de la Técnida
"Tú tienes tu Luz y tu Oscuridad, pero yo tengo un par de cartuchos, y eso me basta". (Amanda Holliday)
Druis se situĂł en el borde de la roca flotante del Plano Ascendente, contĂł en silencio hasta tres y saltĂł.
Cuando estaba en lo mĂĄs alto, hizo brotar su Luz en un pulso de flotaciĂłn a su alrededor y comenzĂł a flotar hacia abajoâŠ, y siguiĂł flotando. Gruñó al no lograr aterrizar en el lejano saliente que querĂa y, en su lugar, se sumergiĂł lentamente en la oscuridad de abajo.
ExtendiĂł la mano para agarrarse al lateral del abismo, pero sus guantes solo encontraron los carnosos cilios del egrĂ©gor. RetrocediĂł (Âżhongos egrĂ©gor en el Plano Ascendente?), pero luego hundiĂł las manos en ellos para frenar su caĂda. Se detuvo sobre una roca inestable atrapada en una masa de hongos retorcidos.
Druis tratĂł de ver a travĂ©s de la oscuridad. Unas ondulantes frondas de egrĂ©gor se agitaron en su campo visual y las apartĂł. Se llevĂł la manga de su tĂșnica de terciopelo verde a la boca, intentando en vano no inhalar la nube de repugnantes esporas que siseaban constantemente desde las vainas fĂșngicas.
Se concentrĂł. "Vamos, guardia de la reina", murmurĂł. "Puedes hacerlo". PensĂł en la reina Mara y concentrĂł su Luz debajo de ella, tratando de subir aâŠ
Un susurro omnipresente se introdujo en su mente mientras un zarcillo pegajoso le rozaba el brazo. Se lo quitĂł de encima y volviĂł a concentrarse.
PensĂł en los prisioneros que languidecĂan en los puestos de las pirĂĄmides, inocentes que necesitabanâŠ
Un pĂleo hĂșmedo cayĂł sobre sus botas, cargado de terribles recuerdos. Lo apartĂł de un puntapiĂ© con un gruñido y pensĂł en sus aliados, aquellos a los que habĂa ayudado y que la habĂan ayudado a lo largo de su viajeâŠ
La piedra cedió bajo sus pies mientras el Plano Ascendente se reorganizaba con un tirón. Miró hacia arriba cuando el egrégor de ambos lados del abismo comenzó a entrelazarse para encerrarla.
SintiĂł un escalofrĂo de miedo⊠y, luego, de rabia. No morirĂ© aquĂ, pensĂł. No en este lugar. No serĂ© pasto de esta inmundicia reptante. NoâŠ
Druis pensĂł en sĂ misma.
Su Luz brillĂł hacia arriba, atravesando la nada, y alcanzĂł el favor de los insomnes.
Espirales de pequeños cristales pĂșrpura brotaron del suelo bajo sus botas. La piedra inestable sobre la que se encontraba se fijĂł en su lugar, fundida en una masa de amatista.
Una vaina de egrĂ©gor que oscilaba a pocos centĂmetros de su cara se congelĂł llenĂĄndose de incrustaciones de cristal, como una pieza de fruta azucarada. Se doblĂł con fiereza, luego se rompiĂł por su propio peso y se hizo añicos en el suelo.
Druis se envolvió con su Luz. El egrégor del abismo retrocedió como si se hubiera quemado, revelando asideros de piedra desnuda y limpia.
AsintiĂł, se ajustĂł el cinto y comenzĂł el arduo ascenso hasta la cima.