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Distintivo de Adaptador AIÓN
"Eclosionamos en la oscuridad. Ahora la respiramos". (Azeryks, Heraldo del Arconte)
Fuimos extraídos de los aionianos, y ellos del Donante. Mi amigo y Arconte Levaszk solo dice verdades, y eso dijo.
Pero Rhys, el aprendiz de simbionte, también es mi amigo. Respiro apenas el regalo de éter mientras me dirijo al asentamiento humano. Pero debo respirar un poco. Mi mente se nubla, pienso… ¿o será acaso la preocupación de una escoria débil e irrespetuosa?
Sé donde vive mi amigo, el aprendiz de simbionte. Su puerta no tiene llave.
Toco la puerta de tamaño humano. La abro y me agacho para entrar. Rhys levanta la mirada de su trabajo. Es el revisor número tres para la disertación de un primo, me dijo. Es un honor para alguien como él, que todavía no es un maestro.
"Algo anda mal", le canto. "El regalo de éter tiene a la mente de Levaszk confundida. Está enfermo. Si te recito los síntomas, ¿se lo dirás al apotecario?".
Mi amigo es valiente. Asiente y abre un nuevo archivo en su tabla de datos.
¿Es valiente traicionar así a Levaszk?
"Cree que el Donante le habla. Se cree un sacerdote de un nuevo dios y que nosotros somos sus discípulos".
Rhys me pide que le diga más. Me duelen las mandíbulas por la tensión y el frío del regalo de éter. Un nudo de dolor me sube por la garganta.
"El Arconte supremo Levaszk es el salvador de su gente", digo, pero la voz que uso es la de Levaszk.
Me tapo la boca con la mano para detener la voz. Me clavo el borde de mi respirador en la quijada.
"Azeryks, mi hermano de mi Casa, mi mano derecha", arrullo a través de mis dedos. "¿Tan rápido te entregas a la cobardía? Este es nuestro verdadero destino. Este es el camino que nos fue dado. Nos llevará allí, a cantar himnos para el Donante con nuestra Casa alegre y poderosa".
Los ojos de mi amigo Rhys se le desorbitan tanto de miedo que parecería que respiró éter. Esto le regalé, el miedo es el regalo del exilio.
Mi lengua vuelve a ser mía por un momento. "No vuelvas a confiar en mí", le digo.
Su puerta se cierra con un estruendo cuando me voy.
¿Y adónde más puedo ir que con Levaszk, mi amigo y Arconte?