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GLOVES OF EXALTATION
Added in Season 8GLOVES OF EXALTATION
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Guantes de la exaltación
"Eres una persona honrada y justa. Si alguien puede afrontar la responsabilidad de este poder, eres tú". (Rekkana, hechicera de kentarchos 3)
Yardarm-4 tenĂa una expresiĂłn seria. Era la cara que siempre ponĂa cuando cambiaba de su, en ocasiones, abrasiva afabilidad a un lĂșgubre desdĂ©n que dejaba claro lo en serio que se tomaba la situaciĂłn. TambiĂ©n tenĂa ese brillo cĂĄlido en los ojos que auguraba que iba a decir algo para provocarla.
"Los habéis subestimado".
Aquellas palabras no cargaban veneno, solo un hecho expuesto sin mĂĄs.
Rekkana posĂł una mano sobre el hombro de Lisbon-13 antes de que saltara a defenderla.
"SĂ", dijo ella.
No tenĂa sentido disimular ni avergonzarse por haberse equivocado. Los vex eran el rival mĂĄs formidable de todo el CĂrculo Oniromante. Como seres que comparten pensamientos a travĂ©s del tiempo y las realidades, los vex solĂan eludir toda predicciĂłn, incluso las de los miembros mĂĄs antiguos de su orden. Otro CriptocrĂłn que pudo hablar con un miembro del CĂrculo lo comparĂł con intentar contar todos los cristales de un copo de nieve que se te derrite en la mano. El mismo acto de estudio cambia el resultado, y con frecuencia las pruebas desaparecen antes de poder siquiera considerarlas.
"Pero eso nos ha dado perspectiva".
"ÂżPerspectiva? ÂżHay alguna perspectiva por la que valga la pena morir?". La ira de Yardarm-4 se vio mermada por la curiosidad.
Rekkana mirĂł a Lisbon-13. Tan firme como siempre.
"Esas defensas han sido una locura". La astuta mente de Lisbon-13 avanzaba a saltos siguiendo la lĂłgica de Rekkana. "Los repetidores y los amarres, los angĂ©licos... Los vex no nos quieren aquĂ, es verdad. Eso significa que consideran que este lugar es un punto dĂ©bil".
Yardarm-4 llegĂł a la misma conclusiĂłn. "SĂ, es un punto dĂ©bil. QuizĂĄ sea su mayor punto dĂ©bil".
"SĂ. Pues deberĂamos...". Rekkana se detuvo. Lisbon-13 levantĂł el arma que habĂan obtenido sin dejar de girar la cabeza.
Yardarm-4 no tardó en imitarlo. "¿Qué es eso?", dijo, alterado. "¿De dónde sale?".
Los tres se pusieron en pie, espalda contra espalda, escuchando atentamente.
"No oigo...". Pero entonces lo oyĂł.