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Lore
Renuncia
"¡Somos un calendario nuevo! ¡Somos una era de comienzos! ¡Cada uno de nosotros es un día!". (Skolas, kell de los kells)
Las alarmas emiten un sonido estridente y dramático que recorre el queche mientras este se sacude en el vacío. Ziriks nota en el caparazón los estremecedores gemidos del casco.
"Repítemelo", ordena. La sorpresa hace que lo pronuncie más despacio de lo habitual.
Sus escorias retuercen las manos al percibir su debilidad.
"¡Skriviks habla de traición!", grita Viik. "¡Solicita refuerzos!".
"Cibeles es una trampa mortal", gruñe Riikas. "Cuatro paladines se acercan a Skolas y, con él, a todas las naves de los lobos".
En otras palabras, todas las naves de los lobos, incluidas las suyas, deben mantener el rumbo para unirse a la batalla. Ya van con retraso debido a varios arreglos más que necesarios; un par de disparos de la flota enemiga y el casco se partiría en dos al instante.
Ziriks nota la mirada del sirviente piloto clavada en él. Al igual que los demás, le debe lealtad a su kell, y Skolas es el último. Irxis murió en el Enfrentamiento de Eos. A Parixas lo engañaron y lo dejaron a merced del enemigo. Y todos ellos palidecen ante la gran Virixas, que murió a manos de los heraldos de la reina alienígena en el primer golpe decisivo de la guerra.
Ahora Skolas está solo, y el kell de los Lobos ha caído en una trampa. ¿Cómo podían saber los insomnes lo que planeaba hacer en Cibeles?
Más traición. Más disputas por el escaso poder. Años y años de codicia y desesperación de los Lobos.
Ziriks ordena al sirviente piloto que ralentice los motores.
"Envía una señal abierta a todas las naves enemigas", dice. "Nuestro destino está en manos del mañana".