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Lore
Capa del Cascarón
– Que la carne vuelva a convertirse en títere del alma más verdadera; los ligamentos, sus cuerdas –
La memoria resonante recubre el material de esta armadura. Grabado en los pliegues de la protección forjada está el origen desollado de los horrores.
Veskith está dentro de la Gran Máquina. Más cerca que ningún otro kell. Él sería la chispa que prendería a este dios traidor desde dentro. El Testigo le daría la fuerza para contraatacar.
Un espectro del tormento surge detrás de él y se dirige a un sarcófago con forma de pirámide que se abre al tocarlo. El ser aguarda junto a la abertura, oscureciendo el brillo ambiental del Débil Corazón.
Le prometieron una forma de venganza. Como Eramis antes que él, obtendría el poder que le debían.
Veskith desciende.
Envuelto…
Veskith recuerda que los arcontes dominaban la estasis aferrándose a la tierra. Vesk… Ves… Ve…
Una voz penetra la Oscuridad…
"El Jardinero solo te ha otorgado dolor. Nosotros te ofrecemos un cuchillo con el que devolvérselo".
La voz ofrece salvación, libre del dolor resonante… Tú aceptas.
Él lo hace. Una vez superado, el pensamiento se desvanece.
"Tu definición, absorbida". La voz resuena en las Profundidades como el metal. Afilada. "Sin piel… y esculpido de nuevo". Las palabras de la voz cortan como cuchillas en su caparazón y astillan su mente.
Ve… sk —la identidad penetra en la Oscuridad oceánica— ithhhhhhhhhhh…
La voz corta profundo, y la vida se vuelve más espesa; cada movimiento, aún torpe, marcado por gemidos mudos.
Es exploración tanto como intención. Un lienzo en blanco con el que entrenar la manipulación de la Luz. Menos amable que la ceremonia. Más rabioso que el anhelo.
Mientras tiembla la carne sin nombre, separada ante la voz, esta habla y da vida al propósito.
"Tu forma será la de un receptáculo". La base ósea recibe un corte. "Un nido en el que se encona el rencor".
Las palabras desgastan estratos vivos. Se ahueca su deterioro. Los recuerdos se transforman en ruido. El dolor de su ausencia afila los bordes de este instrumento recién tallado.
Un motor afilado cobra vida a trompicones, impulsado por el propósito de la voz. El rencor vacío gira en torno a la bobina mortal ondulante del interior: un último vestigio de los profanados; tallado, infiltrado y desnudo.
***
El motor afilado que alberga a Veskith se agacha sobre una piedra elevada que mira hacia un páramo desolado. Alberga un torturador dormido que espera sus órdenes. Ha permanecido inmóvil desde que el torturador lo trajo aquí, aunque no sabe por qué. Nunca le dijeron el motivo. Las órdenes se dan y se siguen con una obediencia inquebrantable.
El portal domina el cielo sobre sus cabezas.
Un monolito distante parte el horizonte en dos.
Breve lucidez. Veskith ve a elixni de su Casa a su alrededor. Patrullan, pero no recuerda cuándo empezaron. Les pregunta cómo han llegado allí, cuánto tiempo hace de ello, pero no responden. Sus ojos arden, y el último vestigio de Veskith observa inexpresivamente desde una niebla catatónica, ignorando la realidad más allá de su jaula.
La imagen inmutable del portal se graba a fuego en sus retinas mientras su cuerpo ignora los nervios que le imploran que pestañee.