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Lore
Garras de los Desollados
– Deja que tu mente se divida en los muchos aspectos del pensamiento que tanto anhela encarnar –
La memoria resonante recubre el material de esta armadura. Grabado en los pliegues de la protección forjada está el origen desollado de los horrores.
La voz penetra una cicatriz de Oscuridad en el Débil Corazón… La opresiva Luz se constriñe en los límites, como anticuerpos. Es uno de los muchos lugares tallados del Viajero, donde su esencia se ha doblegado ante las palabras del Testigo.
Aquí, una palabra de disentimiento fracturada del Testigo, semejante en forma y estirpe, y aquí permanece, prisionera de aquello a lo que antes pertenecía.
"¿Qué esperas lograr sola, pequeña voluta de humo?".
"Revelar tus falsas promesas", el susurro de disentimiento quebrado se entrelaza en las palabras del Testigo. "Y hay otros conmigo".
El Testigo baja la voz y comprime todo el sonido en un delgado filo. "Te fracturas de nuestro propósito. Esta forma ya no encaja".
El susurro se convierte en un siseo. "No puedes mantenernos en la Oscuridad".
"Eso ya lo veremos", responde el Testigo. "Tus sentimientos parecen… contradictorios; tus pensamientos…, dispersos".
El Testigo habla a cada impulso astillado dentro de la palabra de disentimiento, vinculando cada uno a una forma en la Oscuridad, manifestándolos a través de la Luz distorsionada. La voz los convoca.
La palabra de disentimiento protesta, pero produce un espíritu bestial que brota de su boca, quejumbroso, dejando un rastro de fluidos y gorjeos sollozantes.
"El tiempo de la penitencia ha pasado".
Es el primero de muchos. Las astillas de ánimas se desgarran y se retuercen ante las órdenes del Testigo. Cada una aúlla imitando los gritos ahogados de su anfitrión.
"Salid hasta que no quede nada".
Una palabra de disentimiento se desgarra con violencia, convirtiéndose en una nebulosa de ánimas. Se miran las unas a las otras con un lúgubre entendimiento que va menguando conforme la lucidez se desvanece dando paso al instinto.
***
Pronto alas oscuras eclipsan el cielo y transportan enjambres de ánimas voraces. Sus alaridos guturales emulan gorjeos de lamento y súplicas ahogadas.
Cuando la colonia se posa o sobrevuela el Débil Corazón al unísono, casi recuerdan el cálido y carnoso nido que antes era su hogar. Casi recuerdan una conexión más profunda entre ellas. Un nexo singular. Como si hubieran formado parte de un mismo ser antes de este éxodo.
Lo buscan interminablemente. Se agrupan en torno al creciente número de cicatrices de Oscuridad que anegan el Débil Corazón, atraídas por una familiaridad latente. Sobrevuelan en círculos los susurros mudos, y su número aumenta.
Pero ahora, cuando los guardianes las derriban, la colonia pierde sus piezas. Los recuerdos se desvanecen aún más. Las colonias se mezclan, y la familiaridad latente se transforma en instinto y costumbre. El reconocimiento de lo anterior se erosiona y deja paso al olvido.