Related Collectible
Lore
Túnica Hoja de la Apostasía
La tristeza es un capricho. No dejes que te consuma.
Es difícil enfadarse con un hombre que se ha abandonado a sí mismo. Ikora quiere gritar: "¿Dónde estabas? ¿Cómo pudiste permitir que pasara?". O algún reproche parecido.
Pero sabe que no debe. Sabe que el profundo corte que ha abierto una herida sangrante pronto se transformará en un dolor abrasador. Sabe que todo lo que quiere recriminarle al Nómada en realidad se lo está recriminando a sí misma.
¿Dónde estaba ella? ¿Cómo pudo permitir que pasara?
Eris tenía razón: Ikora la habría mantenido a salvo, y no habría vuelto a ser la misma Eris.
"Gracias", le dice al Nómada al final. "Por informarme. Sé que… hiciste lo que pudiste".
Pese a ello, él la mira como si le hubiera soltado un puñetazo. Tal vez lo hubiera preferido así. Cuando intenta hablar, las palabras le fallan; a los dos. Ikora no logra disculparse a tiempo.
"Quería que le gritaras", le dice Ofiuco después. "Quiere que le hagan daño". Ikora lo entiende, pero no está segura de si lo ha ayudado o le ha puesto obstáculos en su autoimpuesta penitencia.
Quiere convertirse en titanio y furia, quiere que no le afecte y, al mismo tiempo, ser cruel, abrir en canal a los poseídos resurgidos y hacerles pagar su pérdida con violencia. Pero está demasiado acostumbrada a aplacar su ira y, ahora más que nunca, no puede abandonar su puesto. La responsabilidad hace que sienta más el peso de los años.
En su lugar, se permite estar triste unos instantes.